¿Alguna vez has pensado en renunciar a tu trabajo y ser tu propio jefe?
¿Tienes una idea de negocio que podría ser de mucho interés en tu comunidad y no conoces aún a alguien que haya empezado algo similar?
¿Tienes miedo que esa idea de negocios no vaya a funcionar y no puedas cubrir tus gastos o tener dinero suficiente para mantener tu estilo de vida?
En cualquier empresa existimos empleados (comúnmente conocidos como Godínez) hartos de recibir órdenes, de tener que pedir permiso hasta para visitar a tu familia y que les resulta muy difícil mantenerse motivados. Sin embargo, también coincido con muchas personas que piensan que no cualquiera quiere ser un emprendedor, considerando el riesgo que tu idea de negocio no llegue a pegar y te quedes en bancarrota. No poder pagar ni tus salidas de fines de semana, renta o la colegiatura de la escuela de tus hijos.
Por otro lado, también es cierto que trabajando dentro de una empresa, tus opciones de crecimiento no dependen únicamente de tus resultados o de haber trabajado todos los días hasta la 1am por meses. Tu oportunidad de crecer dentro de una empresa depende de su crecimiento, la opinión de tus jefes y de muchos factores externos de los cuales no tienes control.
Lo cierto es que empezar tu propio negocio es una decisión difícil, pero que puede tener muchos beneficios económicos y personales. Ser tu propio jefe significa ser dueño de tu tiempo, levantarte todos los días motivado por tus propias metas y, sobretodo, no quedarte con la duda de qué habría sucedido si hubiera empezado mi negocio.
Los riesgos inherentes en cualquier startup siempre van a existir; sin embargo, estos pueden reducirse cuando conoces tu mercado y tienes las herramientas legales para cuidarlo.