Una de las aportaciones más importantes que puede contribuir un abogado a una empresa en su comienzo es dejar las reglas del juego claras y por escrito. Uno de los errores más grandes que puede cometer un emprendedor es no dejar por escrito cuáles son las actividades que cada uno de los fundadores debe llevar a cabo y, en base a esta información, determinar el porcentaje de acciones que le corresponde a cada persona.
Al momento de empenzar una empresa con amigos, es muy común pensar que lo más justo es que se divida la propiedad de la sociedad en partes iguales; sin embargo, esto es un grave error que debe de considerarse desde el día 1. Te pongo un ejemplo:
Imagínate que una vez arrancada tu empresa y de haber trabajado todos los días durante 1 año, resulta que 2 de los 5 fundadores únicamente aportaron $20,000 pesos en efectivo para comprar los primeros equipos para operar el negocio y no volvieron a aparecerse en ninguna junta o cuando se necesitaba trabajar los fines de semana. Ahora imagínate que ese año ganan un contrato para la construcción de una obra de $10 millones de pesos.
En ese caso en particular, los 2 fundadores que aportaron $20,000 pesos van a tener el mismo derecho que tú de cobrar el 40% de los honorarios con tan sólo haber aportado un mínima cantidad en efectivo. De haber estado asesorado por un abogado, la recomendación hubiera sido mejor recibir esos $20,000 pesos cómo un crédito con intereses y pagarlo después de haber ganado tu primer contrato importante, en lugar del 40% de los honorarios de la obra.
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