Es muy difícil que en la primer junta con tus futuros socios para planear el inicio de tu nueva empresa alguien tome la iniciativa y diga: “vamos a meterle esta lana para contratar a un abogado.” Y el porqué de esto es muy fácil de contestar, los abogados son caros y todavía no existe ningún problema que requiera de asesoría legal. Pero no siempre es así. Un abogado puede crear un valor agregado a la empresa desde su comienzo y, sobretodo, evitar que un posible conflicto en el futuro se quede sin resolver y que tu proyecto de negocios se quede a la mitad.
En mi opinión, estás son las principales ventajas de subir a un abogado al tren desde el principio de una startup: (i) ayudar a crear una división clara de la propiedad de la empresa y responsabilidades de los fundadores; (ii) redactar o revisar contratos de acuerdo a las necesidades de la empresa, y (iii) registrar tu marca.
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